Cultura Sariri

Pan-Pet, Myanmar

Conocimos a la tribu Padaung
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Una de las cosas que mas valoramos cuando viajamos, es la camaradería que se genera con otros mochileros. No solo para pasar divertidos momentos, sino también para compartir información acerca de destinos. Fue en un hostel en el pueblo nepalí de Pokhara que una mochilera francesa nos conto sobre su paso por la aldea de Pan-Pet en Myanmar. Nos dijo que allí podríamos tener un contacto autentico con la tribu Padaung, famosa por los aros de laton que usan las mujeres en sus cuello, rodillas y codos. Esta práctica comienza los 5 años de edad donde se añaden progresivamente anillos. Los mismos, poco a poco van ejerciendo presión sobre la clavícula y logran así la apariencia de un cuello más largo. No hay un acuerdo de cómo empezó la tradición ni su razón de ser, lo cierto es que dado a la influencia del gobierno de Myanmar esta tradición fue menguando a lo largo de los años. En los 90, gracias a la inestabilidad política de su país gran parte de la tribu migró a Tailandia lugar donde se convirtieron en un atractivo turistico. Hasta el día de hoy viven alli bajo el estatus de refugiadas con derechos limitados. Hasta ese momento nosotros no sabiamos del verdadero origen de la tribu, ni de su precaria condicion en Tailandia. La idea de conocer a esta curiosa tribu en su tierra natal nos fascino. Un mes despues de este encuentro ya estabamos en Loikaw, capital del estado birmano de Kayah. El estado de Kayah es conocido por poseer una de las diversidades etnicas mas grandes del pais y de todo el continente. Nos pasamos 5 dias recorriendo a moto este estado conociendo mercados y tribus de las que mas adelante les contaremos. Armados con Google maps y Maps.me salimos a la ruta. El gps indica que tendremos una hora de viaje. Ningun medio de transporte te permite moverte tan libremente como una moto, en ella podemos conocer los ritmos de vida de distintas ciudades y pueblos. Entre Loikaw y Pan-Pet pasamos por varias plantaciones y algunos mercados a los costados de la ruta. No nos deja de maravillar como cada vez que cambiamos de pueblo los rostros que nos devuelven la mirada son tan diferentes al de los pueblos anteriores. Dejamos los campos cultivados atrás para transitar una ruta que a los costados tiene arbustos salvajes. La tierra se torna roja y a lo lejos aparecen montañas de piedra caliza, al estilo de Halong Bay, El Nido o Phi Phi Island.

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Por fin un cartel nos indica que estamos entrando a territorio Padaung, pasamos un puesto de control y lo siguiente que vemos es un restaurant con un pequeño mercado al costado. Estacionamos y comenzamos a recorrer, varias mujeres de la tribu nos reciben y nos ofrecen artesanias. Si bien estamos sorprendidos por la belleza que encierra esta “extraña” tradicion no dejamos de sentirnos algo desilucionados. Habiamos viajado con la esperanza de llegar a algun pueblo, no a un mercado donde la turisteada llegaba a sacar fotos e irse. Las mujeres de la tribu Padaung hoy en día tienen por actividad principal la venta de artesanías a turistas, así como también el posar para fotos a cambio de propinas. Son pocas las mujeres de la tribu que se dedican a la confección de prendas de algodón-actividad característica de las mujeres del pueblo- encargandose desde la preparación del algodón recolectado en el campo, pasando por el hilado artesanal y finalmente tejiendo bellos patrones. No nos dimos por vencidos y luego de unas explicaciones un poco en ingles y un poco en señas nos enteramos que varios kilometros hacia delante comenzaba la sucesion de pueblos donde la tribu reside y trabaja la tierra, mas alla del turismo. Despues de otros 20 minutos de camino logramos divisar el primer pueblito. Con una calle principal rodeada de casas completamente de madera el pueblo nos encanta. Sin embargo hay poca gente en las calles ¿sera la hora de la siesta? ¿estaran todos trabajando el campo? No lo sabemos y decidimos continuar. Continuar fue una excelente decision, a los pocos minutos de haber abandonado el primer pueblo y tras pasar una montaña vemos a lo lejos lo que parece ser una escuela rural. Nuestra curiosidad nos domina y entramos al terreno cruzando por el patio principal en direccion al conjunto de construcciones que parecen ser las aulas. Antes de llegar nos cruzamos con un profesor en pollera –atuendo tradicional de Myanmar- y le preguntamos si podiamos estar alli. El nos contesta que no hay problema, que los chicos pronto saldran al recreo y les gustara jugar con nosotros. Nos explica en un muy buen ingles, que es la unica escuela de la zona, que el turismo esta creciendo en el area de Pan-Pet y que por suerte la tradicion de poner aros en los cuellos de las niñas esta dejando de existir. Alli entendemos que esta antigua tradicion limita mucho los movimientos de las mujeres y que las familias donde se practica viven de forma tan tradicional que no mandan a las chicas al colegio. Viendose obligadas estas niñas a vivir del turismo.

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La campana suena y un aluvion de niños sale al patio exitados. Por supuesto que somos la atraccion principal y pronto nos encontramos jugando a mas no poder. Cuando nos topamos con una escuela, siempre pidiendo permiso, nos encanta entrar a conocer a los niños. Jugar con ellos, reir de nuestras diferencias y hacernos amigos aunque sea por un ratito es una de las formas mas bellas de conocer una cultura. Otra vez la campana suena y los niños vuelven a clase, nos despedimos de ellos y los profesor para continuar por la ruta. Otros minutos mas en moto y dimos con otro pueblo, este es mas grande que el primero, con mas espacio entre las casas. Vemos una especie de kiosko con un patio adelante y decidimos parar a refrescarnos. Nos sentamos a tomar agua en el terreno delantero del kiosko cuando de la casa contigua sale una anciana con aros de laton en el cuello, brazos y codos. Esta vez el asombro es pleno. Queriamos hablarle, conocerla, pero la timidez nos estaba ganando. Fue ella quien al advertir nuestra precencia agarro un banquito de madera y se sento en nuestra ronda. Pasamos largos minutos mirandonos y riendo, por lo visto le pareciamos tan “extraños” como ella a nosotros. Se sorprendia de nuestro color de pelo y piel. Como si fuese lo mas normal del mundo, la mujer saco de un bolsito un par de hojas verdes, unos frasquitos de plastico y unas rocas rojizas. Nos dimos cuenta de que estaba por mascar nuez de Betel. Este fruto es un vicio en todo Myanmar, supuestamente despierta y da frescor a quien lo consume. Lo que no es supuesto es que puede generar grandes problemas bucales, tieñe la saliva y los dientes de rojo. Ella nos ofrece, juli es el primero en aceptar. Nos enseño a armar la hoja, poniendo nuez de Betel, bicarbonato de sodio y un ingrediente mas que no identificamos. Comenzamos todos a mascar torpemente y a escupir color rojo. Esta situacion fue otro momento de risas descomunales! sentimos como nos hermanabamos con una señora que hasta hace 15 minutos era una extraña con otra religion, nacionalidad, apariencia e idioma. Todas estas diferencias y las barreras que generaban se desplomaron en segundos. Comenzo a oscurecer y fue momento de despedirnos, nos abrazamos y besamos como quien se despide de una abuela antes de emprender un viaje. Pasamos el camino de vuelta exitados, sin poder creer lo vivido. Habiamos conseguido lo que fuimos a buscar; Era simple nuestro deseo de pasar un momento real con un miembro de la tribu Padaung pero conseguirlo habia implicado una azaña y una vez logrado no podiamos mas que sentirnos agradecidos y felices.

Usuario: culturasariri
Fecha de visita: Noviembre del 2018