Cultura Sariri

Omo Valley, Ethiopia

Ceremonia del salto del toro
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La región del Valle del Omo, denominada por la revista National Geographic como uno de los paisajes culturales más vírgenes de África, es hogar de más de diez grupos étnicos y más de veinticuatro tribus. Estas culturas únicas vivieron prácticamente aisladas del resto de Etiopía y el mundo hasta finales de la 2da Guerra Mundial. Una de las cosas que más llamó nuestra atención en nuestros viajes por el sur del pais fue algo llamado “ritual del salto de toro” aparentemente practicado por las tribus Hamer y Bana. Lo único que sabíamos del ritual hasta llegar a presenciarlo era que consistía en una especie de transición entre la infancia y la madurez. Desde que nos pusimos en contacto con nuestro guía le hicimos saber las ganas que teníamos de poder asistir, él siempre se mostró dispuesto a ayudarnos pero recordándonos que al ser una fiesta auténtica no siempre era posible saber si pasaría y donde, pero que aun así había muchas chances de verla. Era nuestro tercer día de viaje por el sur del valle del Omo; Nuestro guía a quien ya considerábamos un amigo, nos dijo que después de almorzar iríamos al lugar donde ocurriría la ceremonia. Nuestra felicidad se disparó tanto como nuestras ansias... Al terminar el almuerzo nos pusimos nuevamente en marcha. El camino asfaltado se convirtió en ripio, anduvimos alrededor de 15 minutos por allí. Kali, nuestro guía local empezó a preguntarle a la gente que pasaba donde ocurriría el evento, al parecer un pastor pudo darle la respuesta esperada y luego de retroceder un par de metros por el camino que veníamos nos salimos de la ruta y anduvimos unos largos minutos por la sabana misma, cuando por fin llegamos. Al bajar de la camioneta lo que vimos fue era inimaginable hasta ese momento; Muchísimas personas divididas en grupos, esparcidos por una extensión de árido territorio. Todas vestidas con diversos atuendos, la mayoría luciendo distintas variantes de pieles de cabra. Nos dejamos conducir por nuestro guía local hasta debajo de un techo construido con ramas y hojas donde varios hombres tomaban no-sé-qué bebida, usando como vasos calabazas secas. Hasta ese momento nos sentíamos un poco incómodos, era como entrar a un casamiento donde uno no conoce a nadie ni fue invitado a la fiesta. Nuestro guía al notar nuestro sentir nos dijo que nos relajemos que éramos bienvenidos y que intentemos disfrutar de la fiesta. En ese momento nos comenzó a explicar el gran mosaico que nuestros ojos veían pero que nuestras mentes no sabían procesar; nos encontrábamos en los terrenos donde vivía un matrimonio cuyo hijo mayor era el saltador-quien ese día pasaría a la madurez-, cerca de las chozas donde la familia dormía habían unos fogones donde mujeres de mediana edad parecían preparar comida. Estas mujeres eran las mayores de la familia, quienes durante la fiesta serían las encargadas de agasajar a los invitados eran fácilmente reconocibles ya que todas llevaban una larga pluma en su oreja.

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Por otro lado alrededor de donde se encontraba la mayoría de las personas había un grupo de jóvenes mujeres que no paraban de saltar cantando y gritando, haciendo sonar al unísono cascabeles atados a sus tobillos. Estas jóvenes también eran parientes del saltador y su rol en la fiesta era mantenerla animado. Después entendimos que su energía no era solo a causa de ser el “alma” de la fiesta sino que estaba meramente relacionada con un ritual por el que ellas debían pasar y que relataremos más adelante. Mientras nos explicaban los roles de los participantes nos fuimos haciendo amigos de las bebidas locales; Alcoholes destilados de un cereal llamado sorgo que venían en formato de “cerveza”,“whisky” y “vodka” según su gradación alcohólica, los sabores de estas bebidas son difícilmente descriptibles pero si podemos decir que luego de no rechazar ningún ofrecimiento el alcohol se empieza a hacer notar. Las horas iban pasando y cada vez más participantes llegaban a pie al sitio donde se celebraba la fiesta. Cuando a lo lejos se reconocía un grupo de personas que llegaban para unirse al festejo las jóvenes salían a su encuentro recibiendolos con bailes y cantos para luego darles de beber de sus propias manos. No pasó mucho hasta que advertimos que un par de personas se agrupaban a unos metros del centro de la fiesta. Al acercarnos encontramos un grupo de jóvenes musculosos con la cara y el cuerpo pintados, luciendo plumas y atuendos coloridos con el torso desnudo. Estos jóvenes eran los Maza. Estos miembros de la tribu ya habían pasado por el ritual del salto de toro, por lo cual se los consideraba hombres. Un niño al saltar el toro se convierte en Maza hasta que contrae su primer matrimonio y su padre le da ganado para que forme su primer rebaño. Durante este periodo los jóvenes solo se alimentan de leche, miel y sangre de vaca para mantenerse fuertes. Para encontrar una compañera de su tribu asisten a toda reunión comunitaria así tengan que caminar días hasta llegar a ella, también se los ve en los mercados vestidos con sus mejores pieles y mostrando sus grandes músculos. Algo pasaba, todavía no logramos entender que era pero no tardamos en darnos cuenta. Las jóvenes se acercaban a los Maza bailándoles alrededor, golpeándolos con sus cabellos trenzados, haciendo fuertes ruidos con cornetas y empujándolos. Ellas tenían en sus manos finas ramas que mostraban a los Maza amenazándolos a pegarles, los Maza intentaban huir de ellas o hacían gestos negativos con la cabeza. Todavía nos preguntamos si eso era actuado o si realmente los Maza no querían participar del ritual. Lo cierto es que tarde o temprano un Maza agarraba una de las ramas que las jóvenes le mostraba y poniéndose frente a ella le daba un gran azote en la espalda. Produciéndoles cortes profundos que empapaban sus espaldas con sangre. Nuestro guía nos explicó que participar en este ritual es un honor para las mujeres quienes hacen esto como un sacrificio en nombre del saltador.

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Creemos que fue una de las escenas más fuertes que nos tocó vivir. Presenciar este tipo de tradiciones nos empuja a una fuerte contradicción, esta es el dilema que surge entre nuestra concepción occidental de derechos humanos y las tradiciones de cada cultura. Por un lado creemos que estos actos violentos vulneran los derechos de las mujeres y deberían cesar. Por el otro nos preguntamos ¿Con qué autoridad pretendemos juzgar o corregir tradiciones que nos son ajenas? Con estas dudas y un nudo en el estómago continuamos viviendo la fiesta con todo lo que ello implica. No mucho después de presenciar este acto todos los invitados nos acercamos donde se reunían los toros para llegar al clímax del evento. Los toros se encontraban dispersos pero poco a poco fueron agrupados en el centro de la ronda de gente. Una vez más o menos agrupados los toros, las jóvenes pasaron varios minutos bailando y cantando alrededor de ellos para producirles un aturdimiento. Esto tiene como fin lograr que se muevan menos al ser saltados. Luego de esto se seleccionaron alrededor de 7 toros que agarrados por la cabeza y la cola fueron puestos en fila. Toda la tribu estaba reunida en una gran ronda alrededor de los toros cuando un niño semidesnudo cubierto solo con hojas verdes irrumpió en la ronda. Mientras saltaba esparció hojas y flores por todo el lugar. Este niño era el mejor amigo del saltador quien con ese acto bendecía a los toros y pedía por el éxito en el salto. Luego de esto llegó el saltador totalmente desnudo, entró en escena cargado por su padre. Se tomó un pequeño instante de reflexión frente a los grandes toros y comenzó a saltarlos con gran habilidad. Luego de repetir esto unas cuatro veces toda la tribu festejó con gran júbilo el éxito del ahora hombre Maza. No es aquí donde el evento terminó, ya era casi de noche cuando los hombres de la tribu comenzaron a agruparse en forma de semicírculo. Una vez que todos se encontraban en su posición se tomaron de las manos y comenzaron a cantar. Más de 30 personas cantando a la vez una canción grabe pero enérgica era un espectáculo bellísimo. Cuando pensamos que no podíamos deleitarnos más, pequeños grupos de hombres iban pasando al medio del semicírculo y se ponían a saltar perfectamente coordinados, haciendo temblar el piso cada vez que sus pies tocaban el suelo. Al rato al baile se sumaron todas las mujeres solteras de la tribu quienes en el medio de la ronda saltaban coordinadamente con los hombres. Otra vez nos encontrábamos ante una de las escenas mas impactantes de nuestra vida, por suerte esta vez solo podíamos sentirnos alegres de estar viviendo esto. Nos explicaron que este baile tiene como fin encontrar pareja ya que las noches de ritual son aprovechadas para que hombres y mujeres tengan relaciones si así lo desean. Así fue como terminó el ritual, volvimos a nuestra camioneta y en silencio emprendimos viaje a dónde íbamos a pasar la noche.

Usuario: culturasariri
Fecha de visita: Febrero del 2019