Cultura Sariri

Volcan Acatenango, Guatemala

Belleza y violencia de la naturaleza.
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El día comenzó temprano en la ciudad de Antigua, la primer capital colonial guatemalteca. Llevábamos poco más de 24 horas en el país y no podíamos más de las ganas de subir al volcán Acatenango para tener vistas exclusivas de su vecino, un volcán activo en erupción el llamado Volcán de Fuego. En el idioma Maya Cakchiquel - idioma hablado hasta el dia de hoy por los habitantes de Guatemala- el volcán se llama Chi-gag que se traduce como "donde está el fuego". sabíamos que el trecking iba a ser duro ya que deberíamos ascender de los 1500 a los 3500 metros sobre el nivel del mar en un solo dia y que en el campamento haría muchísimo frío. También sabíamos que probablemente todo el esfuerzo sería recompensado con una de las maravillas naturales mas extraordinarias, no nos equivocamos. Luego de un ligero desayuno tomamos un micro de Antigua hacia la base del volcán. La caminata comenzó con una subida de una hora por una pendiente empinadisima, el suelo estaba compuesto por pequeñas piedras y fino polvo negro. Cada dos o tres pasos se venia un resbalón que te hacia retroceder, el esfuerzo era barbaro y recién empezaba lo difícil. Durante esta hora el camino atravesaba plantaciones. Poco a poco fuimos entrando en un ambiente completamente distinto, las plantaciones desaparecieron. El color ocre fue reemplazado por un verde brillante y el polvo negro se convirtió en tierra húmeda. Este tramo del recorrido fue el mas largo, 3 horas en subida con una pendiente menos pronunciada que la del primer tramo. Estábamos rodeados de bosque con arboles altísimos, su sombra fue un verdadero alivio y el olor fresco de las hojas nos mantenía despiertos. Poco después de almorzar iniciamos el último tramo. El bosque desapareció súbitamente, en su reemplazo se abrió un camino rocoso que bordeaba la ladera del volcán. Esta última hora y media fue la más bella, ya teníamos vistas panorámicas de otros volcanes que emergian como islas de un mar de nubes blancas. El camino no era tan empinado y nos distraiamos con el paisaje, sin embargo ya estábamos cansados, cada uno llevaba tres kilos de agua más un juego completo de abrigo.

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Por fin vimos el campamento, solo quedaba una subida que nos costó más de lo esperado. El campamento era organizado y estaba dividido en pequeñas parcelas que recorrían casi toda la cara del volcán. Dejamos nuestras mochilas en una cabaña y nos desplomamos alrededor de un fogón. En ese momento tuvimos las primeras vistas del volcán de fuego, justo en frente se erguía una pequeña cumbre que no parecía la gran cosa. De pronto una nube de cenizas salió despedida de la cima del volcán, seguida por una explosion que nos precipitó. Tendríamos que esperar a que oscurezca para poder apreciar la lava salir, pero ya nos estábamos haciendo la idea del espectáculo natural que se avecinaba. No nos habíamos repuesto de la caminata cuando un guía se acercó y nos preguntó si haríamos la excursión hasta la cumbre del volcán de fuego! Era una oferta muy tentadora, llegar a ver las erupciones a solo 300 metros de distancia. Lo que nos hacía dudar eran las 4 horas de caminata extra que debíamos hacer para ir y volver. No muy convencidos le dijimos que iríamos a la cumbre, la excursión salía en 15 minutos y no sabíamos de donde sacar las fuerzas necesarias. La caminata se reanudó cuesta abajo por un difícil camino de piedra, a ambos volcanes los une un valle. Este detalle no era menor ya que todo lo que estábamos bajando habría que subirlo para alcanzar el volcán de fuego. El descenso fue rápido, todo lo contrario al ascenso en el cual debíamos parar cada 10 minutos para recuperar el aliento. Era poca distancia pero habremos tardado más de hora y media. Ya estamos cerca, el viento comenzó a soplar trayendo gélidas temperaturas. Nos pusimos todo el abrigo que traíamos y seguíamos muertos de frío. Presentíamos que estábamos cerca de nuestra meta cuando un rugido hizo temblar la tierra, apuramos el paso y llegamos a ver los últimos fulgores de la reciente erupción. El sol estaba cayendo así que ya se podía contemplar el fuego que emanaba del volcán en cada erupción.

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Por fin llegamos, nos encontrábamos a 300 metros de la cumbre en un angosto filo del volcán. Lo que vimos a continuación es sin exagerar de los paisajes más bellos que jamás contemplamos describirlo es sumamente difícil y profano; A un lado del filo se veía el sol poniente esconderse tras el manto de nubes. Un panorama solo comparable al que se ve desde la ventanilla de un avión pero mucho más próximo y con vistas 360. El sol de un naranja rojizo podía ser visto sin encandilarse y teñía las nubes con un rosa pastel. Del otro lado del filo la luna llena brillaba con su luz blanca y singular sobre un volcán perfectamente cónico cuya base parecía comenzar en un piso de nubes. El horizonte estaba conformado por una mezcla de tonos cálidos, entre ellos, amarillo, naranja, rosa y azul. El paisaje se asemejaba a la inmensidad del océano, cuando el cielo se mezcla con el agua. Solo que esta vez en vez de mar, el despejado cielo se confundía con un manto infinito de nubes que poco a poco iban perdiendo su color. Toda este deleite fue interrumpido por la violencia de una erupción, ahora sin la luz del sol se veía claramente como el volcán vomitaba lava. En cada erupción, donde antes había cenizas, ahora se veía fuego brotar. Progresivamente la lava iba ascendiendo y luego se derramaba sobre una cara del volcán con total parsimonia, iluminando el cielo con una luz incomparable. A las erupciones más fuertes les seguía una explosión en forma de rugido que nos daba escalofríos y hacia temblar el piso. Sentíamos mucha adrenalina, si bien nunca hubo un accidente nada impedía que una roca nos alcance. La lava y sus rugidos eran intimidantes y como si fuese poco nos encontrábamos sobre un filo flanqueado por dos acantilados, atacados por un fuerte viento. Llegó el momento de volver al campamento e iniciamos la pesada marcha. Si bien nos costó volver, habíamos vivido algo indescriptible. Muchas sensaciones nos atravesaban pero más que nada nos sentíamos privilegiados de haber vivido este singular fenómeno natural en un paisaje surrealista. Cada vez que recordamos esta experiencia nos conmueve la belleza que existe en nuestro planeta y nos motiva a seguir descubriendo lo que el mundo tiene para dar!

Usuario: culturasariri
Fecha de visita: Febrero del 1920